Ci vediamo 2009… At long last!

Bueno, bueno. Se nos va 2009, año atroz. Mal empezó.

“Esto se acaba, señores”. La voz del jefe Pradera sonaba triste. Dos meses antes una frase suya me retuvo con él: “Qué debo hacer para que te quedes?”. Una noche en blanco me dio la respuesta, y me quedé. Mal. Muy mal. Otro gran acierto del Báez.

Sonaba triste, y era mediados de Enero. A partir de ahí, un cúmulo de sinsentidos, ataques de nervios, de no-saber, de esperar. Esperar, un verbo que mal conjugado se convierte en desesperar.

“Os vais a enterar de lo que es una empresa”. Esta vez sonaba amenazante, era junio. Mientras, la crisis ya se había enquistado en un país que la había negado. Desaceleración le llamaban. Cada día miles de trabajadores, de todos los sectores, engrosaban las colas del tétrico INEM por toda España. En eso, Catalunya no es diferente. Mejor dicho: íbamos, vamos, iremos, por delante.

Y nos enteramos. De lo que era una empresa. Especialmente yo, a quien 30 años en el sector probablemente no habían curtido lo suficiente. ¿A mí me van a enseñar lo que es una empresa? ¿Después de mas de doce años trabajando para el grandísimo cabrón chileno?. Ja!. Pues mira, chaval, con una semana tuvieron bastante para demostrarme de lo que son capaces una banda de sinvergüenzas sin escrúpulos. Ni el puerco chileno lo habría hecho mejor. Si me leyera algún chileno, no se me ofenda, es un puerco chileno, como podría ser cerdo mozambiqueño.

Pues mira, nos enteramos. Y de que manera!. Solo me llevo de Barnatrans el honor de haber conocido a un tipo sensacional, de nombre Alfredo, de apellido Matías, de profesión idiota, digo, transitario, como yo; de vocación abogado, y de religión judía. Un honor, de verdad. Del resto, me queda la amargura, compartida con mis ramonedianos, de haber sido víctimas de una estafa planetaria, al más puro estilo PSOE. Cuando escribo esto, aún quedan algunos de mis ramonedianos en el lúgubre campo de batalla; yo, ágil como me convertí por necesidad, pude huir como solo saben hacer los valientes de verdad. O los desesperados.

Pero me dejé pertenencias importantes, además de un tupper de comida. Pertenencias, que como tantas cosas, solo valoras cuando las pierdes, a saber: ilusión, esfuerzo, salud, alegría, amplitud de miras, comprensión, dignidad. Y alguna que me dejo.

El despojo de lo que fui aterrizó en otro sitio, donde me gano la vida hace dos meses.

Y ardo en deseos de que termine este nefasto, tétrico 2009. Nada, nada de lo vivido ha merecido la pena. Gente que merece, por edad, por esfuerzo, por dedicación, vivir con una cierta tranquilidad, ha perdido su empleo; alguna persona cercana a mí por cierto, y dando de pleno en la estabilidad de mi hijo. Y en eso, yo como la Esteban: “Por mi hijo MA-TO!”.

Y otros, también cercanos a mí, esperan un desenlace, ignorando que va a pasar el primer trimestre del 2010. Y esperando que la voluntad zen japonesa sea benévola. Toda una vida para estar a expensas de que cuatro mal llamados empresarios, decidan si ya no vales una mierda.

¿Ha valido la pena?. Solo es trabajo, claro. E hipoteca, señor mío. Y lo que no es hipoteca.

Da pánico afirmarlo, pero dudo que 2010 pueda ser peor. Decía alguien ayer que el 2009 ha sido horríbilis-plus, y que 2010 solo será horríbilis. Bien, amén. Que ZP le oiga, y los PPeperos no jodan la marrana, te alabamos Señor.

Algo bueno puede aportar este 2010 que se nos echa encima: es muy probable que en otoño en Catalunya acabemos con ese circo del tripartito, y vuelva la sensatez y sentido común a la tierra del ‘seny’. Y podremos evitar que cuatro descamisados con menos votos que España en Eurovisión dicten las normas. Sus normas. Es que son progres de salón, pero siguen bebiendo absenta, y yo tengo recuerdos de la absenta en el Barri Gòtic de mi Barcelona, y no sienta nada bien, la verdad.

Ciao 2009. Fuck off 09. Llévate contigo los malos tragos vividos, personales y colectivos. Que este país vea una luz de esperanza, la que al final del libro siente Robert Langdon traída por el rayo de sol matutino en Washington, iluminando la cúpula del obelisco.

Esperanza, la que nos han quitado a jirones doce meses aciagos; y que incluso los que no hemos salido tan mal parados querríamos recuperar.

Futuro, el que queremos ganar, y no el que nos planteaban en Terminator. “No fate” ¿recordáis?.

Adiós, para siempre, 2009. Piérdete, mucho, de verdad. Para siempre.

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