La (permanente) Chapuza Nacional

Me paro en esta información de El Periódico  de hoy. Y con una sonrisa sarcástica, pienso que hay cosas que no cambian en este país. Arraigadas tradiciones, como los toros, la paella los jueves, la Chapuza, con mayúscula. La feina mal feta és un càncer.

Si una empresa privada malgasta su dinero, solo perjudica a sus accionistas y empleados. Pero si la empresa pública tira el dinero –y el tiempo- en pagar chapuzas desastrosas, ya es para pensárselo. ¿A quién perjudica? Al pagano contribuyente, cuyo dinero se esfuma por las cloacas de la incompetencia. La pregunta sería. ¿A quién beneficia tanto dislate?

Seguro que todos, especialmente barceloneses, conocemos situaciones similares. Abrir, trastear, cerrar. Y dos semanas más tarde volver a abrir a ‘arreglar’ el desastre. Chapuza pura. Y yo, pagando. Y alguien, en un despacho, conformando facturas.

Fue especialmente divertido vivir en Mare de Déu de Montserrat, frente a la Bota del Recó, cuando la avenida se “cableó”. Juro que la acera de mi manzana fue abierta-cerrada-abierta no menos de tres veces en un par de meses. ¿Qué hacían mal? Todo, supongo. Los inquietantes tubos amarillos entraban, salían, volvían a entrar. Pasear a mi hijo de dos añitos en su carrito-maxicosy era una pequeña aventura diaria. Corría el 92, glorioso año olímpico, pero también de olímpicas cagadas, con perdón.

No solo Barcelona. En Sabadell debe haber un proveedor de pintura para el asfalto, especialmente millonario, a tenor de las pinturas, repinturas y más repinturas que varias calles de la ciudad sufren. El cruce de Samuntada con Sol i Padrís y Ronda Bellresguard, particularmente delicado para vehículos y transeúntes, es una prueba palpable de la chapuza, de que en Sabadell insisto que hay algún millonario pintor de brocha torpe, y más de un funcionario inepto en la Plaza de Sant Roc. Tengo visión privilegiada desde mi séptimo piso. Pintan hoy, magnífico blanco nuclear, todo bien. Una semana más tarde la pintura parece puesta hace 35 años. Bustos debería un día darse una vuelta por aquí y echar a alguien. No lo hará.

Ideologías al margen, es una lacra enorme el trabajo mal hecho, uno de los grandes pecados hispanos (y aquí no hay distingos entre catalanes, madrileños, vascos, murcianos o mediopensionistas. Somos íberos, como dice el maestro Forges). En épocas de cinturones apretados debe controlarse todo, y mucho estos gastos descomunales, pagando a completos idiotas y estafadores que se autodenominan “profesionales”. Dirán que cobran tarde y mal de las administraciones, ya tenemos la demagogia rondando. Cierto, pero la sensación es que, lejos de ser miembros de la champions de la economía como pretendía el impagable Trilero, somos más bien un país de charlotada. La serie nefasta “Manos a la obra” retrataba perfectamente algo que costará, y mucho, erradicar.

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Una respuesta a La (permanente) Chapuza Nacional

  1. egirbau dijo:

    Aqui va a haber un debate de los superjubilados. De mi observación deduzco que la administración pública son los abanderados del emblema “házlo mal para ir bien”.
    De la privatización de las empresas de suministros energéticos (gas, agua, teléfono, internet, electricidad y hasta cloacas) y la subnormalización de servicios integrales nace este kaos. La coordinación de empresas lo lleva la administración, con el abre zanja, paga, pon tu red, paga, cierra, paga, y así una a una, para que se multiplique el pago.
    De buenas a primeras, se supone que el extra-pago será para llenar las arcas del erario público, sonsacados sus 3%, 4%, 3×4%, 20%, 80%… destinados a los cargos supervisores, pero no tienen en cuenta lo que pierden y sufren los usuarios de la calle en obras, ni que por cada día que está una calle cerrada se suceden pequeñas pérdidas económicas, ya sean por desvíos señalizados, tiendas en las que no se acerca nadie a comprar y vehículos que se pierden con el gps. Tampoco tienen en cuenta que lo que cobren de más a las empresas de servicios, éstas nos las cobraran a los usuarios con subidas tarifarias.
    La estupidez de la administración pública es el aleteo de una mariposa, que nos convierte a todos en cómplices de la estupidez humana. Y en mi posición de superestúpido veo que hago bien en ahora hacer este comentario de jubilado, pues ya me hago cargo de que si no cambia la cosa, jamás me jubilaré.

    Bon diumenge!

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