Sardana 2.0

Paqui y María José eran dos amigas, quinceañeras, de la República Indenpedent de Gràcia, tierra de solidaridad, esfuerzo, progresismo bien entendido y depósito en los años 70 de las esperanzas de tantos barceloneses (y otros), que veían pronta la salida de la oscuridad, en los años tétricos del tardofranquismo.

Bien, tonto-romanticismos al margen. Les encantaba bailar, y lo hacían admirablemente. Tanto, que fueron las artífices de una coreografía, al son de One of These Nights, de Eagles, que nos dejó asombrados a los chicos de su colla, cuando las chicas la interpretaron en aquel garaje de Castelldefels, propiedad del tío de una, el famoso y admirado artista Josep Guinovart. Salut, Anna!

Paqui y María José iban por libre a veces, y se escapaban juntas. Recalaron un día en un pueblo donde había celebración de algo, y sardanas en la plaza. Colles sardanistes, con trajes típicos unas, de paisano otras. Enamoradas del baile, trataron de unirse a una colla para bailar sardana. Fueron insultantemente rechazadas, no se les permitió unirse al grupo. Y así un par o tres de veces, con otros tantos grupos. Privado, cerrado. No entry.

Cuentan que la sardana es la més bella de les que es fan i es desfan, y que su estructura circular permite aunar esfuerzos, y ampliar constantemente el número de participantes. Catalunya unidad, alegoría de solidaridad, esfuerzo, baile, arte y sentimiento colectivo de un país, tant si es vol com si no es vol.

Se sintieron mal, rechazadas por un grupúsculo cerrado, al mejor estilo bunker cavernario. Creo que una de ellas lloró. No recuerdo bien cual, aunque lo imagino. A una de ellas, con los años le perdí la pista. La otra con los años me dio el mejor regalo que he recibido en mi vida, y lo que más quiero en este mundo: mi hijo Enric, nombre tradicional en la familia Báez.

Cuando me contaba esa anécdota de quinceañera, yo entendí su amargura del momento, su desencanto por no haber sido invitada ni aceptada a compartir un bello baile tradicional en un ignoto pueblo de la Catalunya profunda (y gilipollas, si se me permite).

Suelto el rollo a cuento de que anoche, me acordé de ellas y de la ‘anécdota sardanista’. Encendiendo un cigarrillo con mirada perdida, en la esquina de Passeig de Gràcia con València, observé a mi alrededor los grupitos de gente, que saliendo del Majèstic charlaban animadamente entre ellos, alabando sin duda la extraordinaria intervención de Montserrat Nebrera, en la “fiesta” (¿?) que se había convocado para las 19.00, por su partido Alternativa de Govern, una de cuyas –pocas- armas de expresión y convocatoria es la web 2.0, las redes sociales, a causa de la muy democrática ley electoral que impera por aquí.

Confieso que seguí a Nebrera de cerca desde que abandonó el PP. Su desparpajo, frescura, palabras claras y rotundas me cautivaron. Gran política perdía el PP. Me animé, y mucho, con su blog, y acabé rendido a las redes sociales, para las que tengo poco, poquísimo tiempo, pero que me permiten estar muy al día de todo. En ellas he entablado una cierta “relación” con gente de la talla de Miquel Quintana, Cristina Trias, Jordi Sevilla, Montse Tura, y algún otro, con los cuales, sin la 2.0, difícilmente podría haber tenido contacto alguno. Gente que merece la pena, en todos los aspectos.

La convocatoria para la “fiesta” del Majèstic corrió como la pólvora por la 2.0 – Nebrera es la número 2 en cantidad de seguidores en Facebook. AdG calienta la red a diario. Confirmé mi asistencia inmediatamente, y varias veces lancé posts del estilo de “tengo muchas ganas de conoceros”.

Ni una mención a los “nuevos”. Ni un comentario. Ni una llamada. Calculo que de las 200-300 personas que acudieron, una parte debían ser desconocidos que acudieron a la llamada. Esperaba que alguien tuviera en consideración a los anónimos como yo.

En mi ignorancia supina, supuse que conocería a alguien. Que reconocería alguna cara y me presentaría a ellos. Quiero –o quería- ayudar a ese partido, a esa mujer y su colega Graells.

En mi estupidez proverbial imaginé que se invitaría a los twitteros presentes a darse a conocer.

Busqué alguna cara conocida de la red. No reconocí a nadie. Nadie me reconoció a mí (por qué debían reconocer a un don nadie?).

En mi magnífica estulticia, busqué afanosamente la cara de un tío guaperas, de una tipa muy atractiva; otros no, su imagen en la red no es una foto, es el logo de AdG.

No. Fue, como en todos los partidos, una fiesta privada, de gente que se conocen entre ellos, que ignoran supinamente al que no conocen, que solo esperan captar un voto más, o solo asegurar los que ya tienen.

El torpe Mr. Bean en una fiesta de cumpleaños.

Me vi como Peter Sellers en El Guateque. A Dios gracias, no tuve urgencias fisiológicas, ya hubiera sido de chiste montillero.

Acabó el acto, aplausos, flashes, gente arropando a la líder encantadora. Y un mindundi girando la vista, buscando de nuevo esa cara que te ayude a introducirte en algo que te atrae mucho. Encontré. Sí. Alguna señora muy bien vestida, con teñido nada Farmatint –ex votante pepera, pensé-. Algún tipo engalanado con muchas acciones en alguna fábrica de gomina. Y algún terráqueo como yo, departiendo entre ellos. Alguna chica que, de conocerla de la red, no olvidaría su cara –collons, aquesta está bona…-. Y algún jovenzuelo barbilampiño pasándolo guay antes del fiestón del viernes con los colegas, oyes.

Salí. Hice una llamada, ya vengo. “¿Ya?”. Sí, s’ha acabat. Encendí el cigarrillo, volví a peinar con la vista la entrada del hotel. Y pensando que había perdido mi poco tiempo, me dirigí al parking. Barcelona de noche es muy seductora  en algunas zonas. Apetecía una cerveza en el Passeig. Pero una idea me asaltó: “Que cony pintes tu aquí i ara, xaval?. Fot el camp”.

Conduje muy suave Meridiana arriba. Otro cigarrillo, dedicado a mi neumólogo, con cariño. Llegué a Sabadell a tiempo de ver en La Teva las novedades de la campaña, y explicárselo todo a esa que siempre me escucha y me entiende, y que por eso presume de ser mi pareja; o mejor, yo presumo de ella. Para ella sí soy alguien. O no. Pero me hace sentir bien.

Esta mañana, con el primer café y el primer cigarrillo he chafardeado en Twitter. He perdido un seguidor. No me he molestado en averiguar quien. ¿Da igual?. Probablemente sí.

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2 respuestas a Sardana 2.0

  1. Manel dijo:

    Yo te busqué y no te vi. De toda la gente solo coincidí con 3 o 4 del fb.

  2. Montse dijo:

    Soy Montse Nebrera. Rastreando las noticias antes de irme a dormir (mira qué horas) leo con estupefacción tu post. Os pedí a quien quiera que quisierais hacerlo que os acercárais para que pudiéramos conocernos. Me quedé en la sala hasta que las quinientas (500) sillas instaladas por el hotel se vaciaron completamente (es lo que hago en cualquier acto al que voy, por deferencia con la gente) No te entiendo. Hábía allí personas que están en mi Fb como tú y que incluso se vinieron a cenar con unos cuantos… ¿estás seguro de que querías verme y hablar conmigo? Nada se hace sino intentándolo. Y si lo hubieras intentado, te aseguro que me habrías encontrado. Me confundes con el resto, pero lo que más me ofende es que a ese público, sin pasado, lleno de ilusión, con un montón de universitarios (barbilampiños? si el que habño lleva barba!!) que estaban allí a cambio de nada más que esperanza, los describas de forma despectiva. Lo siento, de verdad, porque aquello de ayer fue una fiesta, claro que lo fue, la fiesta de la libertad. Ahí tienes mi correo personal, por si de verdad quieres sber dónde y por qué estamos. Bona nit..

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