Y ahora, las Municipales

Aún no nos hemos repuesto los catalanes de la enormemente larga campaña electoral que culminó el 28N con la (pírrica) victoria de Artur Mas y los suyos, cosa por otro lado cantada hacía más de un año, merced a la sensacional actuación del Artefacto Inestable.

Y no repuestos, empezamos ahora a sufrir la pre campaña y campaña de unas municipales que amenazan con caer en el mes de las flores; y que amenazan, mucho, a los socialistas, con desalojarlos de sus centros de poder más inmediatos: los ayuntamientos. La parcela de poder de los políticos, que más les acerca al ciudadano de a pie, donde los slogans y barbaridades demagógicas valen poco, porque el ciudadano de un pueblo, de una ciudad, está por el funcionamiento real y efectivo de su población, y no por proclamas nacionales.

 No nos interesan consignas como las oídas/leídas hasta la saciedad del tipo:

– #començaelcanvi
 #elcanvireal
 #gentvalenta

Sigo?. No vale la pena. Slogans torticeros que ni ellos se creen de verdad, porque solo los usan para que cuatro entusiastas del partido hagan ruido por todas partes. Pues no escarmientan. Corre ya por Twitter cantidad de nuevos Hashtags, que si #colorvermell, que si #elcanvipositiu… Y esperad, que vendrán más. Cuando despierten (y dejen de pelearse entre ellos), los independentistas, tendremos slogans para aburrir. Pues bueno es Jan “Quenaprenguin” Laporta.

 En unas municipales de poco valen proclamas nacionales, atacar sin denuedo al rival con argumentos inexistentes. Solo sirve el crédito o descrédito que tenga el candidato, lo poco o mucho que haya demostrado su valía o su incapacidad manifiesta para gestionar. Sí, gestionar, cosa que pocos políticos hacen (bien).

Viendo que en menos de 15 días de gobierno, CIU ya ha tenido que modificar/rectificar/comerse algunas de sus promesas, dudo mucho qué podrán hacer si finalmente, como parece, por fin toman al asalto el otro lado de la Plaza Sant Jaume. Lamentablemente, un exiliado como yo, no podrá decidir en Barcelona. Pero previendo como van a ir las cosas, dudo que yo con mi voto, diera opción a que el tétrico PP tuviera la mínima opción a ocupar puesto alguno en el ayuntamiento barcelonés, por aquello de coaliciones, extraños compañeros de cama y demás apaños que dejan al votante con cara de bobo. Sería complicado optar, a menos que Montse Tura gane las primarias y sea la candidata. Ella, la ex-alcaldesa de Mollet, dos coj… de mujer. Y que gracia me hace lo nerviosos que está poniendo a los convergentes. En menos de una semana, los ataques, críticas gratuitas y comentarios despectivos han corrido por tertulias, periódicos, 2.0 y todos los medios posibles. Saben en CIU que Tura es una amenaza seria, no como el nefasto Hereu, que les había puesto en bandeja el ayuntamiento, con la guindilla gloriosa de la consulta de la Diagonal y la ocurrencia estúpida de las Olimpiadas de invierno. Procede hashtag: #etfelicitofill

Pero harán bien los de CIU de esforzarse en venderme programa, propuestas razonables, soluciones plausibles, para no solo Barcelona, donde me quedaré con las ganas de votar, sino Sabadell y demás municipios. En Sabadell por ejemplo, campa por sus respetos el clan Bustos, y en cambio su rival es un casi desconocido Carles Rossinyol que poca batalla le va a plantear. Lo tienen mal. La gente está por lo que está, y a Rossinyol poco le van a ayudar slogans, canvis positius, zarandajas sin sentido, pamfletos nacionales, estatuts recortados, agrav¡os centralistas y demás armas de votación masiva que sus mayores han utilizado en las autonómicas. El ciudadano tiene preguntas simples, que exigen respuestas simples: con la que está cayendo y el (poco) dinero que tenemos ¿qué va a hacer usted para que mi ciudad sea un poco menos lamentable?. La pregunta es simple, acaso demasiado simple para políticos enfrascados en gravísimos dilemas hermeneúticos que les mantienen a años luz de la vida real.

Y cuidadín que en los ayuntamientos tampoco hay un “pam de net”. ¿O hablamos del mil veces aplaudido ayuntamiento de Sant Cugat, convergente de pro?. Mejor no, que más de uno se me ofendería. Pero ya corre tinta 2.0. Y la que correrá, como los socialistas tiren de mantas llenas de polvo, que lo harán…

¿Qué va a hacer usted en el degradado, peligroso, sucio, prostituido e infamantemente islamizado barrio del Raval de Barcelona? Y no me venga con #canvipositiu. No me sirve. Lo del otro ya lo conozco, buenismo sectarista de salón, que no ha servido de nada más que para enviar al psiquiatra a una regidora honrada, en vez de a la cárcel a unos delincuentes de guante blanco y carnet de partido.

¿Qué ocurre con la nefasta Zona Hermética? Bailad malditos, o meteos mierda como locos, y que los chorizos os desvalijen. Mientras, la Urbana y los Mossos haciendo controles a 500 metros, que eso sí da dinero, amén de la Grúa de la Suerte. Lo he vivido en persona (ajena) y da asco.

Y hay 1000 preguntas más, que interesan al ciudadano. Que le afectan. Que incidirán en su vida diaria.

He soltado las preguntitas por Twitter. Ninguno de los interfectos ni sus entusiastas ha contestado, ni lo hará. Bueno, sí, a fuer de ser honesto, he recibido una respuesta: divagaciones macroeconómicas muy loables, pero que a mis vecinos de la tercera edad, francamente, les importa un enorme rábano.Lo dicho: años luz. Acaso no les interesa. Acaso lo ignoran. Acaso soy un vulgar ciudadano anónimo que no merece la pena. La ola convergente avanza con fuerza, pero me preocupa que, al igual que al patético Rajoy le llevará a la Moncloa la enorme incapacidad de Zapatero (hablo de Zapatero, no del PSOE), sin merecerlo, la grave situación, y los muchos errores de los socialistas arrastren a gente que solo quiere Barcelona, o Sabadell, u Hospitalet como triunfos de partido, sin preocuparse demasiado por lo que podrán o no podrán hacer por los ciudadanos. Pero ciudado, repito, los ayuntamientos son el más cercano núcleo de gestión política. Y el ciudadano medio es tonto, pero no gilipollas. Y está escamado, está harto de mentiras, tejemanejes, medias verdades, no-promesas, mala gestión, dinero malversado, inacción. Algo está cambiando, y ya se han acabado los mandatos de 20 años ininterrumpidos.

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